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EYACULACIÓN
Condiciones que se vivencian como problemáticas

Insatisfacción con los tiempos eyaculatorios

Respecto de la llamada eyaculación precoz o rápida, las variables que intervienen suelen ser varias. La longitud de la fase de meseta (el momento donde se logra una erección lo suficientemente rígida y estable al sentir excitación) suele ser corta, o sea que cuando el pene alcanza una rigidez que permita una penetración, por ejemplo, llega rápidamente la fase orgásmica, con el advenimiento irrefrenable del punto de inevitabilidad eyaculatoria.

En general hay tres factores determinantes de esta cuestión "irrefrenable".

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Sobre-respuesta sensorial. Uno de los factores más influyentes es la intensidad de la respuesta corporal ante estímulos sensoriales. Durante prácticas como la penetración[1] o el sexo oral, el pene recibe un tipo de estimulación más completa —mucosa, cálida, suave, húmeda y envolvente, sobre todo en el glande— diferente a la que se produce con la mano de forma tubular o el roce corporal en la frotación; no siendo así otros elementos, y otras partes del cuerpo, como la mano, cuyos tejidos no son mucosos sino epidérmicos, más fríos, secos y rugosos. Esto puede generar una activación sensorial rápida y potente, especialmente cuando el sistema nervioso ya está en estado de alerta.
No se trata de “hiperreactividad” en un sentido patológico, sino de un circuito de alta sensibilidad ante estímulos placenteros que el cuerpo aún no logra modular.

Dificultades en el registro interoceptivo. Otro elemento importante es la dificultad para registrar las sensaciones internas que preceden al punto de inevitabilidad eyaculatoria (o punto de no retorno). Muchas personas no perciben señales corporales fuera de la zona genital: no registran la rubicundez, la tensión muscular, la respiración acelerada o la taquicardia, que forman parte del proceso de excitación. La sensación suele aparecer de golpe, como un “cosquilleo” en el glande, sin anticipación corporal.
Esto habla de una desconexión interoceptiva: el cuerpo siente, pero no logra traducir esas señales en conciencia.[2]

Ansiedad (activación simpática). La ansiedad de actuación o desempeño es el factor que más intensifica este circuito.
Aparece ante el miedo a “no funcionar” o a “defraudar” durante una situación vivida como evaluativa[3]. El cuerpo, entonces, activa el sistema nervioso simpático —el de alerta—, generando una reacción de huida o urgencia. 

Cuanto mayor sea el interés afectivo o erótico por la otra persona, mayor será esa activación. 

Cuando logramos reconocer esa ansiedad como esperable, darle tiempo al cuerpo para recuperarse y reconectarnos con el placer, la experiencia eyaculatoria se vuelve más presente, menos automática.

[1] En general hay más prevalencia de urgencia eyaculatoria en penetración vaginal que anal no sólo por las características del tejido vaginal, sino, y sobre todo, por las exigencias típicas de la heteronorma coitocentrista en la que la aspiración primera y máxima del varón es alcanzar el coito pene vagina; lo cual le genera un alto nivel de ansiedad.

[2) La tarea terapéutica es ampliar el registro corporal, no controlar el reflejo.

[3] Situaciones de evaluación [con entes evaluadores], como un examen y docente que nos examina, una entrevista laboral y potencial empleador que nos interroga, o bien un encuentro sexual con une partenaire que puede resultar “satisfeche o insatisfeche” con nuestra performance.

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